9 AGOSTO, 2026 4:56 PM
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El cangrejo cajo, un guardián acorralado por el crecimiento urbano || OPINIÓN

By on 9 agosto, 2026 0 25 Views

-El cangrejo cajo es un habitante ancestral de las costas de la región, pero hoy enfrenta una amenaza moderna: el avance de la infraestructura urbana sobre su hábitat

En Puerto Vallarta y Bahía de Banderas convivimos con una especie que forma parte de la identidad natural de nuestras costas, aunque para muchas personas pasa inadvertida hasta que aparece cruzando una calle o una carretera. Se trata del cangrejo cajo (Cardisoma crassum), un crustáceo que cumple funciones importantes en los ecosistemas de transición entre la tierra y el mar.

Entérate: Nuevo Nayarit: Habitante pide proteger a los “cajos” al manejar

Su presencia puede encontrarse en diferentes zonas costeras de esta región, particularmente en áreas donde todavía existen condiciones adecuadas para su alimentación, reproducción y refugio. Sin embargo, esos espacios son cada vez más reducidos por el crecimiento de las ciudades, la construcción de viviendas, nuevos edificios, vialidades y la transformación de terrenos que anteriormente funcionaban como corredores naturales.

El problema no es solamente que desaparezcan algunos sitios donde habita el cajo. El verdadero riesgo está en que sus distintos espacios quedan fragmentados, de manera que una población puede conservar su refugio, pero perder la conexión con las áreas que necesita para alimentarse o reproducirse.

Un habitante que no entiende de límites urbanos

Para nosotros, una avenida representa una división entre colonias, fraccionamientos o desarrollos inmobiliarios. Para un cangrejo cajo, en cambio, una carretera no es un límite natural.

Durante sus desplazamientos, particularmente en los periodos asociados con la reproducción y las lluvias, estos animales necesitan trasladarse entre las zonas terrestres y el mar. En ese recorrido atraviesan espacios que actualmente están ocupados por infraestructura urbana.

Ahí aparece una de las amenazas más visibles: los atropellamientos.

En Puerto Vallarta existen zonas donde los cajos pueden encontrarse cruzando vialidades cercanas a sus hábitats. Un ejemplo es el entorno del Estero El Salado, uno de los espacios naturales más importantes que permanecen dentro de la zona urbana del municipio.

En Bahía de Banderas ocurre una situación similar. En sectores de Nuevo Nayarit, como la avenida Cocoteros, estos crustáceos pueden intentar cruzar de un lado a otro de la vialidad durante sus desplazamientos.

Para un automovilista puede parecer un pequeño animal sobre el pavimento. Para el ecosistema, sin embargo, se trata de un individuo que cumple una función y que, además, forma parte de una población que enfrenta cada vez más obstáculos para sobrevivir.

La ciudad está creciendo sobre sus corredores

El crecimiento urbano de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas ha modificado de manera acelerada el territorio.

Nuevos edificios, desarrollos habitacionales, vialidades y obras de infraestructura ocupan terrenos que anteriormente mantenían conexiones entre diferentes ecosistemas. Cuando se elimina la vegetación o se construye sobre estos espacios, no solamente se pierde superficie de hábitat: también se interrumpen las rutas que utilizan diferentes especies para desplazarse.

El cangrejo cajo es particularmente vulnerable a esta situación porque su ciclo de vida depende de la conexión entre ambientes terrestres y marinos.

Podemos construir una carretera, colocar una barda o levantar un edificio y considerar que se trata de una obra localizada. Para la fauna, esa construcción puede representar la pérdida de un corredor completo.

El “gateo”: una señal que debemos aprender a reconocer

Uno de los espectáculos naturales que todavía pueden observarse durante determinadas condiciones de lluvia y ciclos lunares es el llamado “gateo”, cuando los cajos se desplazan hacia el mar para reproducirse.

Es precisamente durante estos movimientos cuando aumenta el riesgo de que los animales tengan que atravesar vialidades.

La imagen de decenas de cangrejos intentando cruzar una avenida debería ser interpretada como una señal de que todavía existe una conexión ecológica entre diferentes espacios. No debería convertirse en una sentencia de muerte.

Reducir la velocidad en estas zonas puede hacer una diferencia.

Si sabemos que durante determinados periodos los cajos cruzan una vialidad, es posible implementar medidas preventivas: señalización temporal, reducción de velocidad, vigilancia, pasos de fauna o cierres parciales cuando las condiciones lo ameriten.

No se trata de detener el crecimiento de las ciudades, sino de aprender a construir sin destruir las conexiones naturales que todavía sobreviven.

El problema comienza mucho antes del atropellamiento

Cuando encontramos un cangrejo muerto sobre el pavimento, podemos pensar que el problema fue únicamente el conductor que no lo vio.

Pero la historia comenzó mucho antes.

Comenzó cuando desapareció la vegetación que utilizaba como refugio. Continuó cuando una construcción dividió su territorio. Se agravó cuando una vialidad atravesó el corredor natural. Y finalmente terminó cuando el animal intentó cruzar una carretera que nosotros colocamos en medio de su ruta.

Por eso, hablar de conservación del cajo implica hablar también de planeación urbana, ordenamiento territorial y protección de corredores biológicos.

La solución no puede limitarse a pedirle al ciudadano que no atropelle a los animales. También debemos preguntarnos dónde estamos construyendo, qué ecosistemas estamos fragmentando y qué especies dependían de esos espacios antes de que llegaran las obras.

No son “plagas” ni animales sin importancia

Existe también una percepción equivocada sobre algunas especies que aparecen cerca de las zonas habitadas. El cangrejo cajo no es un animal que simplemente “invade” la ciudad.

En realidad, en muchos casos la ciudad llegó hasta su territorio.

Esta diferencia es importante. Cuando una especie silvestre aparece en una zona urbanizada, debemos preguntarnos qué ocurrió con su hábitat original y por qué el animal está obligado a desplazarse entre construcciones y vialidades.

El cajo tampoco es solamente un elemento del paisaje. Como especie excavadora, contribuye a modificar y airear el suelo, participa en el procesamiento de materia orgánica y forma parte de la cadena alimenticia de otros organismos.

Su desaparición tendría consecuencias que van más allá de dejar de verlo cruzar nuestras calles.

¿Qué podemos hacer?

La ciudadanía puede contribuir de manera directa. Durante la temporada de lluvias y los periodos en que se registra mayor desplazamiento, los conductores que circulen cerca de zonas como El Estero El Salado, áreas costeras de Nuevo Nayarit y otros sitios donde exista presencia de estos crustáceos deben disminuir la velocidad y mantenerse atentos al pavimento.

Si un cajo aparece en la vialidad, lo recomendable es evitar atropellarlo y permitir que continúe su desplazamiento, siempre que hacerlo no represente un riesgo para las personas.

También es importante no capturarlos, no destruir sus madrigueras y evitar alterar los sitios donde se concentran.

Pero las acciones individuales no serán suficientes si continuamos perdiendo hábitat.

Los municipios, desarrolladores y autoridades ambientales tienen ante sí el reto de identificar y conservar los corredores por donde se desplaza la fauna, así como incorporar pasos de fauna y otras medidas de mitigación en proyectos viales y urbanos.

El desarrollo también debe dejar espacio para la naturaleza

Puerto Vallarta y Bahía de Banderas son territorios con una enorme riqueza natural. Precisamente esa biodiversidad forma parte del atractivo ambiental de la región.

El reto consiste en que el crecimiento urbano no termine eliminando aquello que hace especial a este territorio.

El cangrejo cajo es un ejemplo claro. No podemos proteger una especie únicamente dentro de un área natural aislada si fuera de ella destruimos los corredores que necesita para sobrevivir.

Cada edificio, vivienda o carretera transforma el territorio. La pregunta que debemos hacernos antes de cada intervención es qué había ahí antes, qué especies utilizaban ese espacio y cómo podemos reducir el impacto.

La próxima vez que encontremos un cangrejo cajo cruzando una avenida, quizá deberíamos dejar de verlo como un obstáculo para el tráfico y empezar a reconocerlo como lo que realmente es: un habitante de estas tierras que intenta sobrevivir en un territorio que cada vez tiene menos espacio para él.

Y si queremos que siga formando parte de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas, no basta con evitar aplastarlo. Tenemos que conservar el lugar que necesita para vivir.

Jaime Torres, Biólogo de profesión

Exdirector del Área Natural Protegida Estero El Salado

Más de 20 años de experiencia en temas de impacto ambiental

Así como protección y manejo de recursos naturales